Qué cansados estamos de esos saltos imposibles que desafían incluso a la ciencia-ficción; esas caídas que se entrenan en Judo; esos desgarros musculares inexistentes que se evaporan como vinieron.
Qué cansados estamos de esas interpretaciones de Óscar no premiadas… Se las merecen con sonoros aplausos.
Qué cansados estamos de sonrisas picaronas en el suelo, y las celebraciones que acontecen.
Qué cansados estamos de lo que nos roban de mala manera, y no solo los ladrones, si no los policías.
Qué cansados estamos de esos gestos poco señoriales de los que insisten en rechazar, y que humillantemente parece que solo vemos nosotros.
Qué cansados estamos de que cuestionen nuestro juego, nuestra valentía, nuestros arranques, estilo, potencia, características, mentalidad, y sobretodo, entrega.
Qué infortunio que se aplauda en todo el mundo un juego individualista, enmascarado por un manto de aburrido tiki-taka. En la hora que algún sabio lo alabó.
Qué rabia que de repente el fútbol se inventase en 2008, sobretodo para la gente que no sabía ni que existía.
Qué frustración que el deporte no siempre premie a los que lo dan todo y lo merecen.









