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Tarbernil

Nader - Sábado, 8 de enero de 2011

-Vuestra cuenta, chicos. – Dijo con desconcertante amabilidad. Neurona acercó el platito con timidez, y sus dedos encontraron ese papelito que escasas alegrías dieron alguna vez al comensal. Miró al frente, donde un adormecido y cansado Nolfy aguardaba la hora de salir de aquel tugurio, para poder hacer una de las mejores cosas que sabía: [...]

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